jueves, 11 de noviembre de 2021

otro mundo


Cuando él llegó, Iván ya estaba sentado en su montículo de tierra preferido, apurando los últimos rayos de sol en un espontáneo proceso de bronceado. A su lado, no pronunció palabra hasta que el mínimo calor llenó su cuerpo. Entonces, sin esperar una respuesta a su acalorada filosofía soltó su perorata.
- hay otros mundos. Hay otros mundos. Detrás de aquellos bloques de pisos de ladrillo y tendederos de alambre oxidado. Más allá de aquellas casas que pueblan el cielo con largos mástiles para que la señal de la televisión ocupe su sitio en las salas de estar. Hay otro mundo, donde la gente viste blancas camisas abotonadas y zapatos lustrados de un marrón desconocido en nuestras calles. Hay un lugar con calles duras y negras donde el polvo no se levanta con el mínimo pensamiento.
A lo lejos, vieron a Natalia salir de su casa y avanzar en su dirección. Como todas las tardes, se sentaría junto a Iván para apurar el sol que quedaba. Uno al lado del otro, en silencio mientras lo hablaban todo. 
El filósofo emprendía el regreso cuando Iván le dijo:
- algún día yo visitaré esos otros mundos.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Ella viene por la calle

 Ella viene por la calle con su pelo de muñeca. Pelo liso. Melena repeinada. Cara morena con una mueca de hace varios años. Ella viene por la calle paseando el perro, negociando cada tirón y cada cambio de acera. Los movimientos bruscos transforman su cara con una expresión nueva cada momento. Mira el reloj y sigue sus pasos a fuerza de tirones. Por un momento aquella vieja sonrisa inicia la vuelta. Ella viene por la calle con su traje de trabajo. Chaqueta ceñida y falda que le impiden avanzar. Los pasos resultan torpes al apoyar el zapato en el suelo y tomar fuerza para continuar. La mirada al frente, perdida en ese futuro inalcanzable. El ansia inextinguible de momentos que se repiten dejando una y otra vez el sabor nada en forma de días, semanas o meses. Ella viene por la calle con la bolsa de la compra. El peso se empeña en inclinarla hacia un lado pero ella resiste con su vestido de verano que deja al aire unos hombros bronceados. La bolsa no da tregua y la castiga cambiándola de mano. La suave brisa parece mover su cuerpo. Lejos de cualquier realidad ella sigue sus pasos con rapidez. Ella viene por la calle con su vestido nuevo. Joyas en cuello y manos, labios pintados y un algo puesto que realza aún más su color especial. Vuela entre nubes de fragancias, transportada a ese gran momento que llevaba tiempo esperando. Se siente observada y se deleita para darnos su mejor pose. Se siente segura y pisa con fuerza en su día de libertad. Ella anda por la calle con su mejor ropa de deporte. Formas caprichosas que la licra abraza sin piedad, inundándose de su ser. Los pasos firmes pero cortos. Su sonrisa eterna baila cada vez que toma el suelo. Ella anda por la calle, un día más, sin otro disfraz que esos cerca de cincuenta que siempre le acompañaron. Mi mirada ya no resulta extraña. La curiosidad nos calla a todos. Cerca de ella la saludo para romper esa mirada mutua que se hace eterna. El siguiente momento será distinto, difícil, pero la colaboración está asegurada. Me pierdo calle abajo siguiendo mi camino remando en su perfume. Ella sigue subiendo la calle. Ya casi ha llegado.