jueves, 29 de octubre de 2020

hambre

 Paseaban por la calle una mañana de otoño. Nada invitaba a nada. Ni el aire, ni las nubes intermitentes que se unían para provocar un frio inesperado. Entraron en el restaurante siguiendo la inercia que invitaba a resguardarse del cambiante clima. Comieron de forma abundante, hablando alegremente. Acabaron con una copa. La invitación resultó inesperada, pero era signo de celebración de tan alegre compañía. El invitado, saciado hasta la plenitud, callaba en el paseo. Su respuesta a una consulta sobre la comida, calló entonces al anfitrión. 

- Yo no tenía hambre.

solución

 La misma solución. Dentro de sus cabeza mantenían la misma solución de perderse ante los problemas, ante una vida que había avanzado demasiado rápido. Nunca fue la solución. Quedó dentro de esas cabezas para siempre.

miércoles, 28 de octubre de 2020

repetición

 De alguna forma la situación era la más cómoda para todos. Él tenía diez años más que ella, experiencia en la vida y ganas de sosiego. Ella, tenía la pena de casa. La pena de los padres favorecía la unión. Lo de siempre y como siempre. Tú te irás y nosotros nos quedaremos sentados en esta silla de anea en nuestra mesa de siempre. La abuela seguirá callada en su mecedora, mirando por la ventana, esperando que aquella puerta se abra y ver los rasgos que se niega a olvidar. Tú te irás y nosotros seguiremos con el negro atuendo tapándonos del resto del mundo. Estos ropajes sufren el silencio y compasión de vecinos y demás caminantes. Tú te irás y formarás una familia planeada, pensada. Ejecutada en vida, cubrirás nuestro vacío, porque nosotros ya no estamos aquí.

sonido final, el

 Agudas notas de piano que se repetían en el crepitar del vinilo. Un sonido de chimenea que se está apagando y prende las ramas más alejadas en un intento de sobrevivir a la fría noche. El fuego también debe tener su instinto de supervivencia, de seguir aunque todo el alrededor lo ignore. Yo también estuve en ese bosque, caminando inseguro, corriendo de noche. Intenté buscarte siguiendo tus ojos pero el sentimiento interno del fracaso me impidió verte. Desde entonces vuelvo de nuevo y escucho tu voz, llamando mi nombre en la oscuridad. Y vuelvo de nuevo con mis ojos cerrados en la noche, entre los árboles. Y mis ojos no encuentran nada. Es demasiado tarde y mis ojos ya no quieren ver, pero vuelvo de nuevo, de nuevo, de nuevo.

martes, 27 de octubre de 2020

una vuelta

 Me voy acercando al banco donde descansa el señor mayor. Se despereza al sol, con la gorra bien ajustada, intentando capturar todo el calor que le sea posible. En las manos, una vieja radio suena a todo volumen. Da vueltas al dial buscando alguna emisora. Tiene que ser la única persona con tanta suerte que, en cada movimiento, encuentra una emisora con música, en lugar de darse de cara con informativos, misas, fútbol u otros ruidos parecidos. Cuando estoy casi al lado aparece una mujer andando cerca. Es pequeña, rellenita y con gafas de pasta. El pelo recogido en una cola que da saltos en cada paso que ella da. Sigo calle abajo detrás suya, dejando que se aleje. Es imposible saber su edad y decir 25 o 45 puede ser origen de muchos problemas. Al pasar delante de una puerta salen dos trabajadores, caja de herramientas en mano. Uno, delgado y alto, se queda rezagado hablando con alguien en la vivienda. El otro, bastante mas ancho, se acerca a la furgoneta y mete prisa al compañero. Tiene hambre. Desde siempre ese recuerdo de como los flacos aguantan sin comer y los gordos no dan licencia a la espera del hambre. Salen al fin en la furgoneta y yo cruzo la calle. Una moto para en el paso de peatones esperando mi paso. Delante, un niñato apretando el gas mientras espera que acabe de cruzar. Detrás, quince años de belleza, pelo largo y rubio y carnes prietas agarrada al alfeñique que conduce. La imagino de pequeña y como las caras de niña tornan en enviadas del caos años más tarde. Subo la calle de vuelta y a la altura del semáforo para un coche. Una mujer teléfono en una mano y cigarro en la otra espera su turno de paso en forma de disco color verde. Sigo subiendo y la veo venir teléfono en mano conduciendo calle arriba. Espero que pase. Ya no queda nadie. El viejo sigue, avaricioso, acaparando todo el sol de invierno que puede y trasteando el dial sin éxito. Cruzo mientras saco la pistola del bolsillo ya preparada. Mi cabeza eclipsa la suya y levanta la vista desde esa sombra particular que yo he preparado. Malos humos al mirar cambian a un terror infinito cuando me reconoce y detecta el arma en mi mano. Suelto dos disparos rápidos, sin ruido. El viejo se tumba voluntario sobre el banco que ocupaba. Ahora aprovecha los rayos de sol al máximo. Sigo andando y escucho a mi espalda que la radio cae y comienza a sonar. Por fin pudo sintonizar las noticias.

círculo

 Mientras andaba sin reconocer calles pensaba de forma automática en todo lo ocurrido. No era el remordimiento lo que le impedía liberarse de esa pesadez que se colgaba de sus hombros y hacía los pasos pesados. Cruzó calles medio iluminar, de esquina a esquina, como un ladrón. Las cuestas no cansaban al lado de sus pensamientos que lastraban cada escalón. Al fin llegó a la cima. A oscuras, contemplaba toda la ciudad, todas las calles en las que había protagonizado algún capítulo de su novela vital. Cuando empezó a bajar sabía que completaba su paseo en círculo. Llegaba a su destino donde todo se unía y no se podía expresar lo pensado. No había un camino, en su vida, solo atravesar arbustos, esquivar árboles y saltar arroyos valorando si todos los pasos andados no eran errados. Bajó aquella cuesta a oscuras y enfiló su aterrizaje. El fin del círculo estaba cien metros más adelante.

consejo

 La voz llegó al otro lado de la línea. Frases no esperadas caían como agua que rebosa de regar las macetas en el balcón. Ordenadamente ofensivas, sin respeto a los viandantes que miran hacia arriba tras sentir las gotas golpearlos con violencia. Aquellas frases desdijeron la opinión vertida días antes. Las situaciones que no dejarían vivir a terceros se convirtieron en compañeros de mesa mientras mi cubierto caía por el lado del mantel. Esta vez, sin orden, con dolor, y creando un eco enorme que paralizó al resto de comensales. Mi sitio ya no estaba en la mesa. El perdón de terceros a mis asesinos me alejaba del descanso eterno, de la victoria de la razón. Ahora yo era el enemigo. Convencido, marqué mis mejillas de color oscuro, símbolo de una guerra que durará hasta el final de los tiempos. El consejo al otro lado del teléfono, decidió el futuro de la historia.

lunes, 26 de octubre de 2020

sigo

 Mientras duermo no pienso. Sigo mi ruta sin separarme del camino. Mientras vivo, despierto a los ojos inexpertos, sigo el camino. Un destierro lejano se acerca desde el horizonte. Llama a boca llena mi nombre. Sé que llegaré. En algún momento pero llegaré, quiera o no quiera.

orden

 Las normas quedaron escritas, anotadas y repetidas. Solo queda la obediencia y la continuidad de la labor. Cuarenta se notan excesivas, 25 de una vida, siguiendo la misma historia. Todo está terminado, listo, esperando el próximo encargo. El baterista se centra en rozar los platillos de forma hipnótica. Las nubes avanzan rápido al fondo del decorado mientras todos permanecen inmóviles como recortes de papel.

señal

 La señal en mi cabeza se vuelve plácida y recuerda ensoñaciones de hace tiempos. Colores cálidos que arropan aquella señal que pesa dentro de mis pensamientos. La música genera el mínimo cambio de tono para alimentarla. Ella mientras se mece cómoda, de lado a lado a la velocidad justa pero sin parar. La señal, que viaja, duerme y vive. Me llama y voy, ya es la hora.

peligro

El peligro por el cambio. El peligro de lo desconocido. El cambio fácil en mi jardín. El miedo de traspasar aquella verja por el peligro. El peligro que une a todos los que apoyan el camino. El peligro que nos toca, roza nuestras manos y nos deja que sea la suerte quien decida. Todo esta pensado, hablado y elaborado. Solo queda andar, rodeado de peligro.

por segunda vez

 La primera vez, aquella meta lejana suponía la calma en el camino. Significaba aquello que enterraba pasados y cosas que no se querían repetir. Los meses de mensajes quedaron atrás y la calma llegó a un punto donde nada estaba definido. Por segunda vez atravesamos la misma línea de tiempo y todo permanece. Nada borrará nuestras cicatrices. Nada tornará el cielo en suelo, Nada nuevo, esta segunda vez.

ojos color miel

 No era el remordimiento lo que le impedía conciliar el sueño. Eran aquellos ojos color miel que seguían mirándole, horas después de la detonación. Los ojos seguían cada uno de sus movimientos y le hablaban de una vida juntos, existente detrás de aquellos jueguecitos de ladrona y policía. ¡Buen trabajo! le felicitó su jefe de departamento, filosofando las desgracias. Una muerta más, pero... quién vive realmente?. El insomnio le sostenía la cara por las mejillas y le susurraba al oído: aquel disparo ha sido contra ti mismo.

pompas

 Pasó por delante haciendo pompas con el chicle. Indiferente, pausadamente entretenida en esos propios pensamientos de terceros que no importan ni transcienden. No importa, nada importa, y el lunes pasará como otro día más en la tierra. Abrigados con las obligaciones impuestas, desnudos ante el resto de la jornada. Las pompas suenan y el sol entra por la ventana. Toca jugar.

jueves, 8 de octubre de 2020

hoy sí

Ayer no encontraba el sabor de las palabras. Veía los cuerpos caminar y sentía las historias, pero no tenían el sabor necesario para presentarlos como primer plato. Hoy mi mente es soluble en la realidad que me rodea y saboreo cada impulso de energía que motiva los movimientos en mi periferia. Hay sí, vuelven las palabras, desafiantes, olvidadas o innombrables. Hoy sí, peleo por crear mi propio arte en un estilo sumergido. Hoy sí, seguiré.

la torre

 Fue una idea perfecta. Con las cosas de las cosas y lo inesperado de las ideas. El tiempo pasa y el recuerdo de la torre suma valor cada día. Luego la torre se rompió, pero habrá otras torres y otras ideas. 

tengo

 Tras avanzar en la diferencia, intrépido aventurero, y mirar atrás para evitar la oscuridad frente a mí. Veo la luz de la que vengo, contra la negrura en la que me sumerjo. Mis pies mueven el agua y debajo el suelo tiembla. No debo seguir solo el camino, sino seguir mi doctrina. Hacer valer lo que tengo.

viernes, 2 de octubre de 2020

unión

 La conversación con la persona desconocida le llevó a distintos lugares. El mundo ya no era mundo y la necesidad de romper por donde sea se adueñaba de su mente. No cabía dentro de su cuerpo, no encontraba la forma de reaccionar, desorientado en su vida. Nuevo y recién llegado. El tiempo lo llevaría a conocer lo que había tras el telón, a ver que no era nada.

jueves, 1 de octubre de 2020

día 1

 Volvió a pasar por el mismo lugar y su mente recordó los largos paseos, las conversaciones sin final, las ausencias premeditadas. Su paso por la vida había cambiado. Aquel día fue un renacimiento pero tardó mucho tiempo en verlo. Ahora, adulto por vez segunda, su mirada transmitía su determinación.