La segunda repetición se hacía más insoportable. Las preguntas eran más claras y la inercia era cuestionada con menos tolerancia. No acababa de destapar el envase de vida nueva, de nuevas ideas y olvido necesario. Miraba el tapón con miedo, entreabriéndolo para cerrarlo rápidamente. Luego miraba al horizonte desafiante e inmóvil. Todo estaba igual, esperando sus movimientos. Volvió a dudar y se sentó en el escalón, con el futuro cerrado, a su lado.
viernes, 25 de septiembre de 2020
martes, 22 de septiembre de 2020
sentiempre
Nunca imaginé que esto evolucionaría de esta forma. Una distancia que me sigue alimentando desde años. El recuerdo más dulce, que me arropa y me protege, que dice donde estoy y quien soy. Saboreo un encuentro unilateral con visión adulta y todavía, me quedo con el regusto del aire. El recuerdo de una natalicia conexión que resiste aires que embisten la realidad. Me quedo en lo que siempre me dijo tu mirada.
cumpleaños
Desde aquel día todos los cumpleaños fueron especiales. La comodidad de las cuatro paredes y el techo dio paso a una eterna corriente de aire que jugaba en dirección e intensidad contra su persona. Su única función era distraerlo y que sintiera la falta de abrigo y el corto arraigo que había creado en su vida. El paso del corazón sedentario a la transhumancia sin final, sin meta, sin destino. Enfocó aquellos días cercanos en el recuerdo, en revisar fotos de los momentos descubriendo que nada había perdido, porque nunca nada había ganado. Felicidades, en la segunda mitad, felicidades.
jueves, 10 de septiembre de 2020
altitud
Cuando todo lo pasajero sea eterno y la quietud domine nuestra mente. Cuando todo ansía de progreso se vacía y el ser se relaja mirando infinitos azules. No hay paz, sino en la altitud, contemplando finas y largas nubes, empeñadas en quedarse. El momento de bajar produce rabietas, quejas previas a sumergirse en la marea que nos guía. Bajó mirando como los naranjas dominaban la habitación única. Bajó pensando que se había bañado de pureza para poder aguantar un poco más.
un camino
Ya caminan la fotos y los nombres por el mundo elevado. Desdoblados opinan, analizan, sin llorar. La pena máxima se acoge al derecho a no testificar mientras el mundo paralelo realiza su labor. Ya no más, sin existencia. Imposible vivir una muerte en palabras vanas y frases hechas. El destino escrito estaba, el corrillo lanza su pena y mira su próximo destino. La incertidumbre cierra su boca. Mirando a otro lado, mirando a otro camino.
cuadros
Detrás del pantalón a cuadros todo era lo mismo. Esperas mirando un teléfono. La mente en otro sitio. Esperando incómoda. Mirada, juzgada, asustada. La zona de confort no era aquella plaza ni aquel banco de piedra. Esperando que esto termine. Los cuadros del pantalón jugaban a crear figuras. No era su mente, sino el sol de septiembre jugando con sus muslos. Dos minutos más y me voy. Miró al frente esperando no esperar más.
seguía
La vida era tan asquerosa que seguía. Seguía su paso tras el dolor. Seguía como un gusano de barro por una calle estrecha. Rozaba las paredes dejando su rastro. Lentamente avanzaba, sin hacer caso a súplicas ni dolores ajenos. Arrastraba todo lo que había a su paso sin importar su valor. Destrozaba el paisaje que cuidadosamente a lo largo del tiempo fue adornado de recuerdos. Aquellos colores rosa y blanco perdieron su inocuidad y ahora dolían. Emanaban dolor desde lejos, un dolor que se olía, un dolor que brotaba y deformaba la visión de las cosas. Las palabras quedaron mudas, los oídos ciegos. El mundo se miraba hacía dentro. Aquel final duraría mucho tiempo.
jueves, 3 de septiembre de 2020
novedad
Tedio amenazante lanzan a otro patio. Nuevo, para lo nuevo. Uso, para lo exacto. Mejor ejemplo de deseo. Justo lo esperado. Lo demás no funcionaba. Ilusiones, esperando despedir y seguir. Más ilusiones, menor valor de lo poseido.
martes, 1 de septiembre de 2020
el mejor
Aquel sería su mejor trabajo. Después de treinta años paseando escenarios sembrados de eternas caras jóvenes. El público rotaba a su alrededor escapando a su atmósfera. Su capacidad de atracción era limitada. Odiaba la palabra reinventarse. Una punzada en el pecho, la obligación de intentar hacerlo mejor y repetir un trabajo conocido. Repetir ante nuevos espectadores. Su fórmula, agotada desde los primeros años, la falta de confianza en su labor y pavor ante el eterno juicio. Miró sus manos, blancas, manchadas por el maquillaje. Se limpió en sus botas y continuó su camino hacia el mañana eterno.