viernes, 30 de septiembre de 2022

Mejor así

 Mejor así. Concentrado. Centrado. Mejor que repetidamente ocupado en una línea que ondea a su voluntad. Recto camino que traza curvas inusitadas para intentar echarnos de la vía. Mejor así. Sonriente y activo, lanzando palabras sin fin al eterno blanco repetido. Mejor así, simulando flotar entre colchones de aire que colisionan antes de cambiar de dirección de forma errónea para volver a tropezar entre ellos. El rojo golpea al azul, el azul vuelve la cara al amarillo, que a su vez se aplasta contra el verde. Yo sigo sentando en mi esquina pensando que soy un mero espectador pero no el protagonista de nada. Mi fino bigote narra las palabras que mi mente no es capaz de enviar a mi boca. Mejor así, como público de algo que seguro que se rompe si yo lo trabajo.

No estoy allí, me he ido

 Volando las imaginaciones todas chocan entre sí mientras resuenan las palabras a nuestro alrededor. Un sentimiento extraño de culpa por no atender a entes cercanos se hunde en las cálidas arenas movedizas de la comodidad del vuelo. Volar, sumergido en el momento un pez solo en el agua. Volar sintiendo los pasos que retumban en el esqueleto. Volar, en un calor de uno mismo. Volar perdido navegando entre palabras repetidas de cada día. Mirar el calendario para ver la fecha sin saber donde mirar realmente. Volar otra vez con líneas de piano que se entrelazan con las líneas del tráfico. Ver desde arriba que estamos debajo y que tendremos que bajar más para no llegar a ningún sitio. Volar y seguir donde nadie existe y nadie nos conoce. Volar con las líneas de piano enfurecidas que nos persiguen como látigos del desierto. Mi pico parte el aire en el vuelo. Me buscan en mi nido, pero yo no estoy allí, me he ido.

Cambio

 La costumbre es dueña de del placer. Aquella gruesa tez morena tenía su encanto y su punto de paz en sus actos silenciosos. Cuando se marchó parecía destinado a no poder saborear el silencio musical de sus pasos y volver a la rutina de mesas separada solo por silencio. Luego llegó el reemplazo, tímido y alejado, con toda la impersonalidad de nuestra era. Una personalidad disfrazada de nadie, para seguir o para empezar. Ni más, ni menos, parecido a todo. Poco a poco, aquel silencio intermedio entre mesas y sillas se fue llenando de una nueva energía. El aplomo de sus pasos, lejos de antiguos encantos avituallados por lo neumático, daba una impresión fantasmal e impersonal. Yo seguía sus pasos, como siempre, absorbiendo la energía detrás de cada trabajo humano que resuma aliento y calor corporal, fruto del esfuerzo. Con el tiempo llegué a esperar ese movimiento de aire detrás de una cara extraña. Las vidas que se mezclan por obligaciones sin alcanzar nunca una meta más allá del presente día. El cambio, que llegó y note disfrutar inconscientemente. Pétalos volando en una nueva versión bailados por las eternas conversaciones sobre lo importante.

La chica

 La chica andaba por la calle, desorientada con la mente en otro lugar. El piloto automático salvaba el momento y el fin material de sus actos no tendría pegas. En aquel momento yo quería ayudarla pero cuando me acerqué y pude ver su cara comprendí que era yo quien tenía el problema. La tierra se abría a izquierda y derecha y los edificios de la acera de enfrente se alejaban asustados de mi presencia. Busqué en mis bolsillos y solo encontré las llaves. Un manojo de metal, permiso de entrada mecánica, impersonal invitación a continuar con la rutina. A mi izquierda, guerreros a caballo volaban sobre el vacío, ignorando la densidad del aire que pisaban sus corceles. A mi derecha, tanques inusualmente verdes se aproximaban subiendo y bajando como si navegasen entre dunas de aire. La guerra había comenzado y la chica siguió su camino por la única parte del mundo en la que había suelo. Seguirla me había parecido un error anteriormente, por ser una mezcla que no deseaba. Pero el mundo no me dejaba otro sitio en el que pudiese sentir mis pies en el suelo. Tímidamente, reemprendí mis pasos tras ella, que seguía tirando de su hija con la mano. La niña remolcada me sonreía y me invitaba a seguirlo. Aquel día había empezado como uno de los mejores en mi vida y ahora sentía que no había nada que me perteneciera, como pieza más en el devenir caprichoso del destino. Mantuve mi paso a la distancia exacta cuando ya iba presintiendo que sería un largo camino.

Elecciones

 El período de elecciones supuso una hilera de cambios en sus vidas. Todas las casillas fueron visitadas, todas las casillas fueron desalojadas. Después del periplo, un sabor amargo en las miradas. Un olor especial, artificial, orquestado y que no deja dormir. Cuatro años después, toda la cuadrilla estaba cambiada. No se sabe si satisfecha por su labor, por el tiempo de mandato. Miraban a izquierda y derecha, esperando un veredicto que no llegaba. Lo peor de todo es no saber, mientras se avanza el camino. Mirando un horizonte que quizá no esté allí o que puede que ni exista. El teléfono sonó y lo sacó de sus pensamientos. Era la misma voz que hace cuatro años le comunicó que ganaron con su campaña. El mensaje difuso. ¿ganaron? ¿perdieron? ¿Una llamada para resolver cuatro años de servicio? El veredicto era claro antes de votar.

viernes, 9 de septiembre de 2022

Metro

Mientras caminaba por el andén, ella cruzó su trayectoria y entró al vagón. Sorprendido, detuvo sus pasos  y fijó su mirada en el suelo, concentrado en las descoloridas puntas de sus zapatos marrones. Pasos acelerados llenaban el silencio a su alrededor en ritual huida diaria. Esperó inmóvil la marcha del metro. El cuerpo recto y las manos en los bolsillos. Levantó la cabeza y la despidió con una mirada. Nunca la había visto antes, pero no estaba preparado para otro flechazo.

oferta

 Aquel día ella no entró por la puerta del trabajo. Llegó, como todos los días y se dirigió a la zona final destinada a aparcamiento de clientes. Desde siempre, aparcaba en la parte final. La que los jefes le indicaban, la más alejada a la puerta, de forma que la más cercana fuese ocupada por los clientes. Con el coche parado, debajo de un cartel de oferta con letras enormes, con multitud de fotos y precios terminados en nueve. Miraba al frente con el coche parado y las manos aún en el volante. Delante suya no había nada especial, solo un poco de lo de siempre. La multitud se agrupaba en la puerta y ella, encargada de abrir el establecimiento seguía en su pose estática, ajena a la mañana de aquel miércoles que podría ser cualquier otro día. Una compañera llegó y abrió la puerta de entrada al local. Compradores batallaban por ocupar el primer lugar dentro del establecimiento mientras la compañera miraba su coche atentamente. Avanzó rápidamente mientras la cola de caja se iba llenando de señores y señoras cargados de barras de pan, cartones de leche y galletas de variados sabores. La mirada fija en su coche era la guía de sus pasos. Al llegar frente al vehículo toco el cristal con los nudillos, citando la caja registradora como sujeto de su conversación. Con las manos en el volante, ella giró su cabeza para ver a la compañera con cara de preocupación. Segundos después recuperaba su posición inicial, frente a aquel vacío que existía más allá del parabrisas. Giró la llave y lentamente maniobró hasta que alcanzó la entrada del aparcamiento. La compañera, quedó quieta, testigo de su hazaña.

viernes, 2 de septiembre de 2022

blanco

Se fue. Y me dejó el maldito color blanco como recuerdo. Con su nombre en casa esquina. Imposible de olvidar, omnipresente y opresivo. Se quedó. De la peor de las formas, detrás del color, quieto, callado. Envenenó los recuerdos de colores con su presencia. Derramó mis valores con su ausencia. Volverá. Y pagará todas las piezas que se rompieron. Me quedó mi culpa de todo. No hay otra cosa que me pertenezca.