jueves, 30 de enero de 2020
marea
La marea borra los caprichos del día. Sube lentamente avisando de sus intenciones. La marea nos echa de sus dominios, que limpia y purifica para un nuevo día. La marea solo deja huellas de marea, sin pedir permiso. La marea cierra el día y nos despide sin tregua.
una caja de zapatos
Desapareció. Tardó muchos días en decidirse hasta que dió el paso. Definitivo no será. Resaca vendrá, de recuerdos que se alimentan de mi debilidad. La luz del día es diferente y el quehacer tiene otro motivo. Guardo sus recuerdos en una caja de zapatos.
sonido
Desperté cansado. Una punzada de dolor en la cabeza. La parte izquierda latiendo, intentando huir. De repente aquel sonido. Llevaba escuchándolo horas sin quejarme. Horas de sueño destructor no remunerado. Intenté identificarlo. Algún cargador, cualquier dispositivo electrónico luchando por vivir, trabajando nuestros datos. Un chirrido con volumen al mínimo. Un aire acondicionado, un extractor, un vecino haciendo pruebas de disección. El dolor se hizo más fuerte. Desperté cansado. Ya no se oía.
miércoles, 29 de enero de 2020
ilusiones
B y G empiezan su día. Se quitan la piel de casa y toman el sol a sus anchas sin importarles el mundo. Saborean esa ilusión que los aleja de su día a día, que les hace pensar que las cosas debían ser diferentes. Cada mensaje que comparten lo revindica. Lo suyo es auténtico, amor de película. B y G siguen su camino por la estrecha senda, alimentándose de su alrededor para construir su fortaleza. B y G deshacen su alrededor por un ideal, infundado o real, pero apetecible y disfrutable. Cuando vuelven a su piel ya piensan en el mañana. Un nuevo día con otro momento. La ilusión construida con pedazos de su vida se alza egoísta en sus mentes. Mañana más. Lo merecemos.
la marca
A cada paso, se para y piensa. No domina sus pensamientos, que pasan y pasan por la misma rotonda en cada capítulo. La marca lo persigue, no la olvida. Ella hace que baje la cabeza delante de la gente. Ella hace que se nublen sus ilusiones. Una marca para siempre, ansiosa de protagonismo. Para los demás la marca no existe, es agua pasada. Pero por dentro le duele y le pone zancadillas cada rato. Siguió su camino después de la pausa del recuerdo, con su marca. Juntos para siempre.
lunes, 27 de enero de 2020
gracias
Alguien hablando en voz baja al otro lado de la línea lo hizo recordar. Sólo fueron tres palabras, difíciles de entender fuera de concepto pero que él supo ubicar de forma directa. Un sexto sentido ya le avisaba mientras que los meses lo iban apisonando. Condenado a una nada sin opción de respuesta. Lo demás, morir, morir, sufrir. Y renacer mirando hacia otro lado. Ordenar y ordenarse. Continuar con un gracias por las tres palabras.
sábado, 25 de enero de 2020
silencios
La lluvia golpea las ventanas con suavidad pero de forma insistente. El exterior no invita a paseos y el frio sentencia el día de recogimiento. Suavidad en las formas, ritmos tranquilos que acompañan el reloj. Silencios alternados con risas. Única comunicación. Dos palabras cambian todo. Silencio, sin alternativas, crispante silencio sin descanso.
la opción
Seguir era la única opción después de todo. Después de perder media vida. Después del rechazo de la otra mitad. Seguir era lo que quedaba por hacer. Sin alternativas ni paños calientes. Sin amigos cerca para enfrentar los dos extremos. De la máxima pena al máximo ánimo. La opción intermedia, seguir en silencio.
jueves, 23 de enero de 2020
hermana mayor
Demasiado lista para estudiar se saltó el instituto. No más clases. Casa y charla con madre y vecinas. Llevar y traer a la medio hermana del colegio. Seguir el trazo vital materno de vivir mucho, bien, mal o como toque, pero mucho. Trabajo el justo y necesario para desembocar en cualquier capítulo ocioso. Una vida sin días ni destino, inmóviles e innecesarios. Pensar lo justo e instruir a la hermana pequeña en la vida. Su cuerpo cambiaba poco a poco en eternas tardes asomada a la ventana como una vecina más que mantenía la media de éxitos del barrio.
la mancha
Aquella mancha apareció un día al amanecer. Su color rojo la delataba y la superficie que ocupaba asustaba a los viandantes. Dos losas de suelo de sangre en mitad de la calle que alarmaba a los curiosos y hacia debatir a los ancianos sentados en un banco cercano. O accidente o violencia. Muy grande para que alguien dejase salir eso de su nariz de forma voluntaria. Durante dos días el silencio la rodeaba mientras los peatones la esquivaban. Al tercer día llovía y la mancha desapareció. Los ancianos, en sus trece, formaban dos bandos y continuaban su debate. Demasiado limpio para haber sido la lluvia, alguien debía haberla limpiado.
en la cola
Impaciente esperaba su turno. Media el tiempo suspirando cada minuto. De pie, miraba fijamente aquella puerta de cristal llena de avisos. Suspiraba de nuevo. Una anciana, sentada cerca suya la miraba en cada suspiro. La mirada en la puerta, la posición estática, el ritmo sube a dos suspiros por minuto. La puerta se abre, sale un hombre, sus miradas se cruzan, llegó su turno.
miércoles, 22 de enero de 2020
volar
Volar de niño es acomodarse en la vida, encontrar la situación perfecta. Completar cada detalle y vivir la perfección.
domingo, 19 de enero de 2020
boda
Yo iba a una boda. Para tí era aniversario. Mis errores aparecían, sin presentación, si pedir permiso, sin notarlos. Escuche tarde el NO que pensabas. Dormi alegre por lo vivido. Por la creación y la reunión. NO, volvió a sonar en un pensamiento. De ahora en adelante solo NO. Desanude mi corbata confundido. Veintidós días de espera para desordenarlo todo.
martes, 14 de enero de 2020
hoy no giran los molinos
Hoy no giran los molinos. Aspas quietas, viento en calma. Hoy no se mueven las ideas. Un día más. En este sitio, engañado por el instinto de supervivencia, a cualquier precio la permanencia, se eleva como virtud. En este sitio, que ya no tiene esencia muero en pulcritud. Hoy no giran los molinos.
el grunge en mí
Tras veinte minutos de retraso aparece el bus de línea. La fila de personas es enorme, pero soy de los primeros. Pillo asiento sí o sí. Subo y paso mi bono. Cuando uno sube el último, el bus empieza a andar y te vas situando a base de vaivenes en un sitio u otro. Hoy es más fácil, me siento en el primer asiento tras la puerta de atrás y miro al resto de la cola avanzar lentamente y aparecer por la puerta del fondo. Mis auriculares y mi walkman no me faltan. La cinta da vueltas mientras cambia la canción. Nadie habla con nadie. Voy tarde en busca de otro bus que me lleve a mi pueblo. Todavía tengo por delante una hora de viaje. Dos canciones más y el bus arranca. Veo la gente pasar andando por la acera, los coches esperando en las rotondas y la próxima parada. Me las conozco de memoria. Suben unos pocos más de viajeros. Ya estamos completos y seguimos nuestra ruta. Atrás queda el barrio donde trabajo desde hace cerca de dos años. Atrás ocho horas y media de trabajo. Atrás me despiden hasta que vuelva mañana. El sonido del bus distorsiona las canciones en mis oídos. Tres canciones más y toca bajarme. Unos minutos hasta entrar en el bus para el pueblo. La mano con el bono. La cabeza con auriculares y en la espalda una mochila con mis útiles para comer. Me ubico en el bus de vuelta por cuarta vez esta semana. Mañana viernes resuena en mi cabeza como un alivio deseable. Dos años repitiendo de lunes a viernes la misma rutina. Tras acabar empresariales, esta fue mi primera opción sería de trabajo. La idea inicial era colaborar con todo el papeleo de la empresa, dedicada a la venta de estructuras de aluminio a nivel nacional. La realidad es distinta. Sacar listados y buscar deudores. Papeles y labores de subordinado de un contable. Mi trabajo consiste en preparar el suyo para que él lo enseñe como propio a la gerencia. Siempre deprisa, siempre ocupado, al salto de cualquier episodio que siempre suceden en el peor momento. La presión aumentada de un jefe oprimiendo. Los "esto es para hoy", "tú verás" y demás halagos guardo en mi agenda mental. Desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde el mismo capítulo de cada día. Un rato para comer la comida de mi casa casi sin dejar el puesto. Y luego seguir con sus numeros, hasta ahora, hasta siempre. Mi contrato se acaba y el destino pinta mal. Si continúo sé lo que tengo. En otro caso también. El bus me deja en la estación y busco camino a casa. Atravieso una calle de viviendas sociales, regaladas a familias en mitad de la nada. Los hombres y niños fuera. Unos, lata de cerveza en mano, otros buscando un cristal sano que juzgar. Su sencillo mundo, hedonismo de bajo coste, sus movimientos de brazos, las voces para explicar algo por encima de esa radio que no descansa. Atravieso terrazas improvisadas con mobiliario prestado de bar. La cinta de 90 minutos empieza su coda. El tiempo medido de cada día. Tras las manchas de la calle, la tapia del cementerio es el nuevo decorado. Los megáfonos avisan de la hora de cierre en una repetición monótona. El volumen de la música no compite con ellos desde hace meses. Vuelvo la esquina y comienza mi barrio, con casas pareadas con tres habitaciones y garaje. Casas felices de familias felices. Padres preocupados e hijos con trabajo para labrarse un futuro. Ya veo mi casa. Hora de parar, para mañana seguir en la espiral sin fin.
jueves, 9 de enero de 2020
hermanos
Aunque compartían apellidos, no eran hermanos, ni siquiera familia. Nacieron el mismo año, en el mismo pueblo. Compartieron pupitre y trinchera, tirachinas y el rancho en la guerra. Juntos toda su vida, juntos en la muerte de soldados en la batalla del odio. De vuelta a casa, la labranza en tierras linderas. Los primeros paseos con las mujercitas del lugar. Ferias, vinos y bailes en compañía. Bodas e hijos compusieron su vida. Las esposas, silenciosas en público, demonios caseros resucitaron la gran guerra. Las lindes de una maldita tierra que solo trajo tristeza y esclavitud. La linde surgió entre ellos como el río que divide ciudades. De hermanos de vida a mirarse a través de la frontera invisible. Muerte de una esposa no acerco el consuelo. Muerte del aún casado condenó a la vida con dos enemigos juntos en cada lado del cielo.
es war einmal
Érase una vez la última tarde. Cogió su mochila del respaldo de su puesto de trabajo. Pasó al lado de las mesas de los compañeros. Ya no quedaba nadie en la empresa. Fue apagando luces hasta la salida. Antes de cruzar la puerta miró hacia atrás. La sensación de dejar un lugar que no se volverá a visitar. El pensamiento en el futuro de los sitios. Su evolución en su ausencia. Los momentos que ocurren cuando no esté presente. Todo seguirá viviendo en su falta, todo evolucionará y desembocará en nuevas sensaciones. El primer paso en la calle fue su primer paso de libertad, de alivio. Ajustó la mochila en su hombro y comenzó su nuevo camino.
miércoles, 8 de enero de 2020
yo no soy nadie
Transparente a lo largo del tiempo. Olvidado y desubicado. Fuera de lugar y fuera del momento. El camino nos aleja de gente extraña, de cumplidos sin deseo. El camino nos acerca a otros caminos. La verdad, egoísta en cada cabeza dicta sentencia y castiga por doquier. Castiga al silencio y castiga al vacío. Un vacío lejano a las falsas sonrisas, lejano a la envidia. Mi única posesión es mi camino y mi camino es mío. Un camino de nadie.
martes, 7 de enero de 2020
3332222221
Llegó al estudio por la tarde. Esperaba algún ruido en el interior, pero no encontró a nadie. Soltó la maleta sobre la misma cama que la cogió tres días atrás. Preparó su café favorito y se sentó en un sillón ubicado de forma paralela al balcón. La idea era aprovechar los últimos rayos de un sol que se empeñaba en penetrar montañas lejanas. Con la taza entre las manos, echó su cabeza hacia atrás. Se sintió culpable al disfrutar del silencio y la quietud del momento. Sin discusiones, sin conversaciones, sin juicios internos o externos, sin planear nada. Resolvió dar solución a cada situación cuando surgiese, y determinó que ir a al deriva no era tan malo como pensaba.
domingo, 5 de enero de 2020
perdonar
El perdón es uno de los caminos más difíciles que me he encontrado. Aunque se quiera perdonar cualquier recuerdo incendia mi interior y la furia vuelve a mi ser. Me corroe por dentro y me envenena hasta el punto que la estrechez de miras domina mi existencia. Una y otra vez decido caminar en ese punto medio y estrecho. Seguir sin olvidar. Valorar y actuar. Punto y aparte. Sumar, solo sumar y que todo cuente.
Aquel hombre hablaba en voz alta en aquella plaza de grandes árboles. Apoyando en una baranda de piedra que lo separaba del tráfico. En la piedra, números escritos no se recuerda cuando. Molesto por el sol en la cara, se separó de la baranda y finalizó su discurso:
- El caso es andar.
sábado, 4 de enero de 2020
día de visita
Carlos avanzaba delante, a ritmo rápido mapa en mano. Su cabeza subía y bajaba constantemente. Iglesia tal, plaza tal. Mentalmente iba marcando los hitos de la visita y sin perder un segundo buscaba en el mapa un siguiente lugar que visitar, una calle por dónde seguir. Lucía iba detrás, a cinco metros de distancia de seguridad. Lucía no miraba plazas, ni calles, ni bellas casas adornadas en el siglo no se cual. Lucía no quería iglesias ni conventos, ni verlas, ni saber su nombre, ni recordarlas, ni decir "he estado en". Lucía caminaba mirando el suelo con las manos en los bolsillos de la chaqueta. Se entretenía mirando sus pies adelantarse el uno al otro y vigilando la sombra de Carlos para seguirlo aquel día de visita cultural. Aquel viaje no era para ella.
jueves, 2 de enero de 2020
... continuar
Lo vi en sus ojos. Lo noté en sus hombros bajos. Lo sentí en sus pasos alejándose de toda publicidad. Aquel momento trajo a su mente recuerdos de otros momentos similares del pasado. Momentos sin agradecer, sin cámaras ni luces en la cara. Tuvo que hacer uso de su determinación, decisiones que implicaban cambios grandes y un camino con pocos pasos andados. Salió de escena dispuesto a continuar.
primer día
Día de propósitos. Día artificial e inventado. Día de ruptura. Día de ilusiones. Día de renovación. Día de renacimiento. Día de la exaltación. Día del sentimiento. Día primero. Día único. Día de inflexión. Día de no antes. Día del futuro... hasta mañana.
miércoles, 1 de enero de 2020
última tarde
La última tarde del año nos espera. Una quietud incomprensible cualquier otro día. El último día no tiene reparos ni normas. El mundo parece acumular fuerza para usarlas más adelante. Mientras tanto, el destino hace recordar la existencia de hospitales y tanatorios. El último día no respeta, avanza cómo otra jornada cualquiera. Avasalla, manda y ordena a su gusto. El último día se despide y nadie lo escucha, pendientes del siguiente.
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