jueves, 11 de noviembre de 2021

otro mundo


Cuando él llegó, Iván ya estaba sentado en su montículo de tierra preferido, apurando los últimos rayos de sol en un espontáneo proceso de bronceado. A su lado, no pronunció palabra hasta que el mínimo calor llenó su cuerpo. Entonces, sin esperar una respuesta a su acalorada filosofía soltó su perorata.
- hay otros mundos. Hay otros mundos. Detrás de aquellos bloques de pisos de ladrillo y tendederos de alambre oxidado. Más allá de aquellas casas que pueblan el cielo con largos mástiles para que la señal de la televisión ocupe su sitio en las salas de estar. Hay otro mundo, donde la gente viste blancas camisas abotonadas y zapatos lustrados de un marrón desconocido en nuestras calles. Hay un lugar con calles duras y negras donde el polvo no se levanta con el mínimo pensamiento.
A lo lejos, vieron a Natalia salir de su casa y avanzar en su dirección. Como todas las tardes, se sentaría junto a Iván para apurar el sol que quedaba. Uno al lado del otro, en silencio mientras lo hablaban todo. 
El filósofo emprendía el regreso cuando Iván le dijo:
- algún día yo visitaré esos otros mundos.

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