miércoles, 2 de noviembre de 2022

Octubre

 Octubre terminó dando un toque especial al aire que nos rodeaba. El recuerdo no se pierde cuando anda de frente tuya por la acera. Miradas que no sabemos, quizá miedo. Búsquedas. Encontrar miradas que no se cruzan. El tiempo no borra nada porque hay cosas que merece la pena que sean recordadas. Una pequeña venganza, en un eterno preludio. 

miércoles, 26 de octubre de 2022

El mensaje

 Destronados corazones a la vuelta de cualquier esquina, lanzan suspiros hacia dentro, perfeccionando el silencio que aprendieron muchos años atrás. Penitentes se cruzan con ellos, envidia incluida en el lote. Avidez y búsqueda de la oportunidad para morder en la ilusión, que se cree protegida entre cuatro paredes. Tipos altos sin sombrero mueven su bigote como si mascasen un enorme chicle imposible de olvidar. Los pasos persiguen a otros pasos que persiguen huellas que nunca existieron. Pobre lengua quieta que borra las ilusiones mientras se esconde para no publicar sus deseos. Nubes vienen por donde la gente nunca anda. Nubes que nunca estuvieron allí pero que se empeñan el robar el color de todo lo que se mueva. Mi momento, lápiz en mano, mi momento, un papel delante. Vacías mis ideas sin ayuda de nadie. Un camión dobla por la esquina donde se pierden las personas. Me lleva unos 136 ó 142 pasos llegar hasta la calle de al lado, donde alguien ha escrito un mensaje con spray de color azul sobre el fondo blanco. Saco de mi bolsillo un spray de color blanco y con las mismas palabras anulo el mensaje del artista.

martes, 18 de octubre de 2022

El jurado vuelve

 Parte del odio parte mi obra. Porque obra sorda y ciega cae por la ventana. El jurado no la mira ni la siente, siega hojas sin rencor. No hay miradas que suenen a tanto. El jurado juega con mis palabras, a un frontón encadenado, sin rebotes ni palas. Sobran letras de tu obra, que inconclusa quedará. Sobra el principio y el final. Suena lo que no se lleva. Suenan mis cortas luces. Mi poco ver suspende tus líneas. Olvido, nuevo destino. Un año más tres mil palabras se marchan a una espera pausada. Pisando la ilusión como uva garnacha. Su nectar no alimenta, sus restos ensucian suelo y atraen moscas. Prestas a la miel de cualquier fruto. El jurado mira los cubos llenos de papel. El jurado sella un futuro. El jurado mira la lista de la compra. sus hijas la recogen y atrás quedan los insultos y palabras más altas décadas atrás. Todo está en su sitio y el descanso espera. Espera al guerrero y al tratante de paz mientras las páginas vuelan donde nadie va a buscarlas. Un año más, una ceremonia, otra ausencia.

Libertad

 Libre tras las rejas, libre, encerrado en tu sombra
libre, más tarde que nunca, libre vida y obra
libre en las mañanas, libre en atardeceres rojos.
libre de visita, libre atado de manos
libre a golpe de baqueta, en mis pantalones rotos.

Libre porque nada, libre para todo.
libre, ausente futuro. libre presente odio
libre llama ardiente, libre fuego fatuo
mi libertad no espera, existe medio trozo

Libre, sobran las palabras, libre, me lo llevo puesto
Libre, infinitamente solo, libre con el silencio opuesto.

Libre, sin calle, libre sin plaza
Libre cada día, libre dentro de casa.

viernes, 30 de septiembre de 2022

Mejor así

 Mejor así. Concentrado. Centrado. Mejor que repetidamente ocupado en una línea que ondea a su voluntad. Recto camino que traza curvas inusitadas para intentar echarnos de la vía. Mejor así. Sonriente y activo, lanzando palabras sin fin al eterno blanco repetido. Mejor así, simulando flotar entre colchones de aire que colisionan antes de cambiar de dirección de forma errónea para volver a tropezar entre ellos. El rojo golpea al azul, el azul vuelve la cara al amarillo, que a su vez se aplasta contra el verde. Yo sigo sentando en mi esquina pensando que soy un mero espectador pero no el protagonista de nada. Mi fino bigote narra las palabras que mi mente no es capaz de enviar a mi boca. Mejor así, como público de algo que seguro que se rompe si yo lo trabajo.

No estoy allí, me he ido

 Volando las imaginaciones todas chocan entre sí mientras resuenan las palabras a nuestro alrededor. Un sentimiento extraño de culpa por no atender a entes cercanos se hunde en las cálidas arenas movedizas de la comodidad del vuelo. Volar, sumergido en el momento un pez solo en el agua. Volar sintiendo los pasos que retumban en el esqueleto. Volar, en un calor de uno mismo. Volar perdido navegando entre palabras repetidas de cada día. Mirar el calendario para ver la fecha sin saber donde mirar realmente. Volar otra vez con líneas de piano que se entrelazan con las líneas del tráfico. Ver desde arriba que estamos debajo y que tendremos que bajar más para no llegar a ningún sitio. Volar y seguir donde nadie existe y nadie nos conoce. Volar con las líneas de piano enfurecidas que nos persiguen como látigos del desierto. Mi pico parte el aire en el vuelo. Me buscan en mi nido, pero yo no estoy allí, me he ido.

Cambio

 La costumbre es dueña de del placer. Aquella gruesa tez morena tenía su encanto y su punto de paz en sus actos silenciosos. Cuando se marchó parecía destinado a no poder saborear el silencio musical de sus pasos y volver a la rutina de mesas separada solo por silencio. Luego llegó el reemplazo, tímido y alejado, con toda la impersonalidad de nuestra era. Una personalidad disfrazada de nadie, para seguir o para empezar. Ni más, ni menos, parecido a todo. Poco a poco, aquel silencio intermedio entre mesas y sillas se fue llenando de una nueva energía. El aplomo de sus pasos, lejos de antiguos encantos avituallados por lo neumático, daba una impresión fantasmal e impersonal. Yo seguía sus pasos, como siempre, absorbiendo la energía detrás de cada trabajo humano que resuma aliento y calor corporal, fruto del esfuerzo. Con el tiempo llegué a esperar ese movimiento de aire detrás de una cara extraña. Las vidas que se mezclan por obligaciones sin alcanzar nunca una meta más allá del presente día. El cambio, que llegó y note disfrutar inconscientemente. Pétalos volando en una nueva versión bailados por las eternas conversaciones sobre lo importante.

La chica

 La chica andaba por la calle, desorientada con la mente en otro lugar. El piloto automático salvaba el momento y el fin material de sus actos no tendría pegas. En aquel momento yo quería ayudarla pero cuando me acerqué y pude ver su cara comprendí que era yo quien tenía el problema. La tierra se abría a izquierda y derecha y los edificios de la acera de enfrente se alejaban asustados de mi presencia. Busqué en mis bolsillos y solo encontré las llaves. Un manojo de metal, permiso de entrada mecánica, impersonal invitación a continuar con la rutina. A mi izquierda, guerreros a caballo volaban sobre el vacío, ignorando la densidad del aire que pisaban sus corceles. A mi derecha, tanques inusualmente verdes se aproximaban subiendo y bajando como si navegasen entre dunas de aire. La guerra había comenzado y la chica siguió su camino por la única parte del mundo en la que había suelo. Seguirla me había parecido un error anteriormente, por ser una mezcla que no deseaba. Pero el mundo no me dejaba otro sitio en el que pudiese sentir mis pies en el suelo. Tímidamente, reemprendí mis pasos tras ella, que seguía tirando de su hija con la mano. La niña remolcada me sonreía y me invitaba a seguirlo. Aquel día había empezado como uno de los mejores en mi vida y ahora sentía que no había nada que me perteneciera, como pieza más en el devenir caprichoso del destino. Mantuve mi paso a la distancia exacta cuando ya iba presintiendo que sería un largo camino.

Elecciones

 El período de elecciones supuso una hilera de cambios en sus vidas. Todas las casillas fueron visitadas, todas las casillas fueron desalojadas. Después del periplo, un sabor amargo en las miradas. Un olor especial, artificial, orquestado y que no deja dormir. Cuatro años después, toda la cuadrilla estaba cambiada. No se sabe si satisfecha por su labor, por el tiempo de mandato. Miraban a izquierda y derecha, esperando un veredicto que no llegaba. Lo peor de todo es no saber, mientras se avanza el camino. Mirando un horizonte que quizá no esté allí o que puede que ni exista. El teléfono sonó y lo sacó de sus pensamientos. Era la misma voz que hace cuatro años le comunicó que ganaron con su campaña. El mensaje difuso. ¿ganaron? ¿perdieron? ¿Una llamada para resolver cuatro años de servicio? El veredicto era claro antes de votar.

viernes, 9 de septiembre de 2022

Metro

Mientras caminaba por el andén, ella cruzó su trayectoria y entró al vagón. Sorprendido, detuvo sus pasos  y fijó su mirada en el suelo, concentrado en las descoloridas puntas de sus zapatos marrones. Pasos acelerados llenaban el silencio a su alrededor en ritual huida diaria. Esperó inmóvil la marcha del metro. El cuerpo recto y las manos en los bolsillos. Levantó la cabeza y la despidió con una mirada. Nunca la había visto antes, pero no estaba preparado para otro flechazo.

oferta

 Aquel día ella no entró por la puerta del trabajo. Llegó, como todos los días y se dirigió a la zona final destinada a aparcamiento de clientes. Desde siempre, aparcaba en la parte final. La que los jefes le indicaban, la más alejada a la puerta, de forma que la más cercana fuese ocupada por los clientes. Con el coche parado, debajo de un cartel de oferta con letras enormes, con multitud de fotos y precios terminados en nueve. Miraba al frente con el coche parado y las manos aún en el volante. Delante suya no había nada especial, solo un poco de lo de siempre. La multitud se agrupaba en la puerta y ella, encargada de abrir el establecimiento seguía en su pose estática, ajena a la mañana de aquel miércoles que podría ser cualquier otro día. Una compañera llegó y abrió la puerta de entrada al local. Compradores batallaban por ocupar el primer lugar dentro del establecimiento mientras la compañera miraba su coche atentamente. Avanzó rápidamente mientras la cola de caja se iba llenando de señores y señoras cargados de barras de pan, cartones de leche y galletas de variados sabores. La mirada fija en su coche era la guía de sus pasos. Al llegar frente al vehículo toco el cristal con los nudillos, citando la caja registradora como sujeto de su conversación. Con las manos en el volante, ella giró su cabeza para ver a la compañera con cara de preocupación. Segundos después recuperaba su posición inicial, frente a aquel vacío que existía más allá del parabrisas. Giró la llave y lentamente maniobró hasta que alcanzó la entrada del aparcamiento. La compañera, quedó quieta, testigo de su hazaña.

viernes, 2 de septiembre de 2022

blanco

Se fue. Y me dejó el maldito color blanco como recuerdo. Con su nombre en casa esquina. Imposible de olvidar, omnipresente y opresivo. Se quedó. De la peor de las formas, detrás del color, quieto, callado. Envenenó los recuerdos de colores con su presencia. Derramó mis valores con su ausencia. Volverá. Y pagará todas las piezas que se rompieron. Me quedó mi culpa de todo. No hay otra cosa que me pertenezca.

miércoles, 22 de junio de 2022

sola

La pequeña llegó al parque y se sentó en el borde del tobogán. Sin pronunciar una palabra comenzó a peinar su muñeca. Tumbada hacia atrás paseaba la muñeca por la barriga. Diez metros más allá la madre apuraba el segundo porro de la tarde. Media hora más tarde, con los ojos enrojecidos, llamo a la niña para marcharse. La pequeña vagaba por los límites del parque sola, como había venido. Si hacer caso a la madre se adentró en los jardines, otra vez sola.

Hasta siempre

Poco tiempo después de mi consulta al personal de recepción, me fue indicada la forma de llegar a mi destino. Segunda puerta a la izquierda repetí para de forma metódica para no perderme. Una nueva cara detrás de la mesa, la otra mitad de la reunión. Un buen apretón de manos transmite más que muchas palabras o títulos en la pared. Sentados a la mesa, delante de la pantalla, intentaba aplicar mis teorías más abstractas al mundo de la producción real, donde no hay líneas en una libreta, sino manchas de productos condenados a la transformación. Mis ideas iban ganando terreno pero no las tenía todas conmigo. El receptor de mis ideas fumaba de forma continuada escuchando mi perorata cuando de repente lanzó el paquete de Royal Crown contra la mesa mientras afirmaba que aquel tabaco le estaba dando un buen dolor de cabeza. Incluso tras su deducción, al rato tomó otro pitillo y lo encendió. Se levantó de la silla, olvidó la pantalla del ordenador, mantel de mi trabajo y me invitó a visitar la fábrica para que viese como funcionaba en realidad todo el sistema que yo intentaba resumir en líneas de código. Un pequeño paseo por un patio nos llevó a una escalera metálicas que terminaba en una pequeña puerta. Dentro, un mundo de máquinas, conectadas entre sí por tubos de distinto color y tramos de escaleras que subían y bajaban de forma ordenada. Él se movía de forma enérgica, señalando cada punto, cada máquina, haciendo gesto con las manos para que entendiese el trabajo a pie de campo. Cambiamos de sala y el baile continuaba. Rodeados de enormes depósitos con terminación cromada seguía con su clase magistral. En mi cabeza intentaba recordar cada uno de los puntos que explicaba mi espontáneo profesor. Media hora de comentarios me bastó para ver que todavía quedaba mucho camino por recorrer a mi interpretación de los hechos. De vuelta en la oficina, con otro cigarrillo en la mano, se olvidaron todos los temas técnicos y la conversación transitó por derroteros más mundanos. De estudios, hace años, de los largos paseos por la avenida Medina Azahara para llegar a la facultad hasta el día de hoy. Un rato después tocaba mi despedida, en la que me acompañó, mientras volvía al verde coche de empresa que usaba, ávido devorador de gasolina super 95. Como el mando del cierre centralizado no funcionaba, abrí el coche por la cerradura. El calor empezaba a salir desde dentro y mi único alivio era escuchar de nuevo aquella cinta de Sabina, sustituto del aire acondicionado, mientras volvía a casa. El cielo se tornaba amarillo, anunciando calor y las fábricas cercanas insultaban al cielo con sus chimeneas que lanzaban vapores y restos de hexanos varios. Otro apretón de manos me despidió aquel día. Aquel apretón, que dibujaba un silencioso hasta siempre.

martes, 24 de mayo de 2022

el fantasma

 Un fantasma sobrevuela nuestras cabezas. Se arropa con nuestras mentes y se estira ofensivo sobre la cabellera. Sonidos, sonidos, letras y letras conforman su cántico. Silencios sus ecos. La espera eterna, la duda amarrada a la espalda como un cinturón deforme que evita el movimiento. Tensos días y calurosas noches, paraíso de fantasma que volvió. No le tengo miedo, pero siento pena por él. Si lo veo no volverá a vagar nunca más. Ni asustar niños, ni romper cosas de noche. Una melodía nerviosa espera su momento, alerta, con el arco en la mano dispuesta a comenzar el espectáculo. Puede que se vaya por el mismo camino que no sé de donde procede. A lo mejor actúa y elimina el fantasma. Tiempo, hablan los ancianos. Tiempo medido en años y gastado en otro tiempo que no llegaba a ocupar segundos. Años como días esperando vivir el siguiente. No hoy, me habla el fantasma pero no lo creo. Cierro la puerta y cierro mis ojos. Me abrazo con cuidado y comienzo un leve descanso, Mañana volará de nuevo. Si lo veo, todo se acabará.

viernes, 20 de mayo de 2022

nada

con la impresión de no tener nada, pero una nada que pesa sobre tu espalda, una nada que frena tus pasos y lastra los movimientos, una nada egocéntrica, insultante y combativa. Una nada que hunde tus mejillas y marca sombras oscuras en el rostro. Una nada que no está, una nada invisible que reservó su huella para tu existencia.

miércoles, 27 de abril de 2022

palabra 6

Cuando pronunció la palabra cayó en la cuenta de que había pisado suelo mojado. Retrocedió dos o tres sílabas y buscó otra pasarela por dónde cruzar. Al otro lado nada aguardaba su llegada. Una sonrisa espontánea puso fin a la conversación. Dicho estaba.

viernes, 4 de marzo de 2022

El jurado

El jurado se viste de rojo pero no va los domingos a misa
El jurado, rodeado de amigos, tiene la razón en su nido
El jurado sirve la comida a las tres y llama a gritos a la familia
Los niños siguen jugando y el jurado no cierra su boca
Asomado a la ventana el jurado mira un horizonte que no le pertenece
Para nadie es nada, desde esta ventana con fondo negro
Luces apagadas, silencio de palabras, orden y punto
El jurado escribe sus sentencias en color rojo
El jurado pinta de negro sus ideas y sube al púlpito
El jurado reparte, roba la palabra con una mirada
El jurado sonrie y nadie llora excepto su séquito

El jurado escoge traje en el armario
Mi declaración está en la mesa
El jurado compara colores
Mi palabra no le interesa

El jurado se tiñe de dorado para esconder sus canas
El jurado no habla, no encuentra las palabras
Sus ojos negros riman la envidia, cubren su sitio
Las manos nerviosas tachan frases y matan la obra
El jurado teme por su trabajo, defiende su legado
El jurado impune, impone su reino y su orden
El jurado, rodeado de secuaces que no leen una letra
El jurado me cierra el camino, me quiere cerca

El jurado escoge traje en el armario
Mi declaración está en la mesa
El jurado compara colores
Mi palabra no le interesa

Detrás de la mesa, con las manos cruzadas
El peso aplasta el sillón de mando
Duros días de trabajo, liviano juicio
Defendiendo al vulgo, manteniendo su sitio

El jurado escoge traje en el armario
Mi declaración está en la mesa
El jurado compara colores
Mi palabra no le interesa


viernes, 25 de febrero de 2022

nadie

De nadie es la culpa sino mía
De nadie es la culpa sino mía
Un detrás de otro que consiente
lanzan flechas los enemigos
verdades me golpean y no mienten
De nadie es la culpa si no mía
de vivir, sin pisar suelo
de comprar a plazos la agonía
De nadie es la culpa sino mía
lindos rizos vuelan en el aire
Pasos lentos que porfían
mirando al cielo para que pare
no es mi destino afortunado
ni mi pasado glorioso adulado
Presente no existe porque no lo vivo
solo aguanto sin quejas
el agua que no bebo
romperá mis huellas
Yo no estuve aquí
pero cuando vine lo decía
no se lo que es vivir
De nadie es la culpa sino mía


martes, 15 de febrero de 2022

errante

Se siente más miserable con cada paso. El solor suber cuerpo arriba, recorriendolo por dentro, arañando sin freno. Parar no ayuda, seguir tampoco. Tiempo repetido, todo sabe a poco. Una vuelta del tablero lo mando fuera de la partida. Aquellos ojos no eran los que veía. Tiernos momentos para siempre perdidos. No queda una vida, solo queda el camino. Subir escaleras, pasear calles nuevas, tomar el sol a deshora con la cabeza ausente. Sin forma ni suerte no queda un instante, repetir las calles, llamar al desastre, de un cuerpo que pesa y no se mantiene. No tiene su vida porque su vida es inerte. Saber que no estás, que nada importa, no hay decisiones, no hay fecha ni hora. Subir escaleras, eterno castigo. El sol a la espalda no cede el motivo. Herido sin pausa, tocado y sin sino. No restan momentos y no sabe el motivo. Seguir su camino, la vida sin destino.

viernes, 21 de enero de 2022

Llegará

No había paz. Solo la incomodidad del silencio. Sin palabras, los pensamientos retornaban a imágenes de extraños entrando en casa con malas intenciones. Personajes sanos, aparentes y educados, sonrientes y serviciales que mostraban lo peor y aprovechaban cualquier oportunidad para no lograr nada. Un momento en la vida se cambiaba por una vida para ese momento. La cura no parece cercana y la enfermedad se ceba en cada imagen. No cabe, no queda alternativa, pero todo se supera cuando se guarda en el fondo del armario y salimos a la calle con ropa nueva conjuntada con un domingo soleado. No hay soluciones, sino formas de vida que ignoran, retrasan o dispersan los ingredientes del plato que comemos. 

martes, 4 de enero de 2022

No se me olvida

Porque no se me olvida. El cielo gris, el oscuro camino.
Porque no se me olvida, el puente sobre la vía, la baranda oxidada.
Porque no se me olvida, la sierra al fondo, los pinos verdes.
Porque no se me olvida, las calles estrechas, las casas blancas.
Porque no se me olvida, la palmera tras los arbustos, dátiles pequeños en el suelo.
Porque no se me olvida, la mirada altanera, ser desconocido.
Porque no se me olvida, calles ahora anchas, otrora estrechas.
Porque no se me olvida, naranjos enanos en la acera, sin hojas caídas.
Porque no se me olvida, olor a pueblo, sabor a una vida.
Porque no se me olvida, edificio de cristales, vistiendo una esquina.
Porque no se me olvida, mañanas de joven, patios en umbría.
Porque no se me olvida, risas de juegos, tardes de primavera.
Porque no se me olvida, mejores momentos, peores caídas.
Porque no se me olvida, el color de tu puente, el sabor de despedida.
Porque no se me olvida, el primer llanto en mi mente, mi mano dolida.
Porque no se me olvida, quería volver, tú decías que vendrías.

1001

 La sorpresa más grande llegó en ese momento. Una dilatada ausencia. Solo me queda valorar la valentía que muestra quien tiene poco que perder. El inicio de algo que debilita a Dios. Hoy resuelto sigue siendo interminable.