La lectura lo inundaba de una pesadez extraña. En lugar de distraerlo lo llevaba de vuelta a la realidad que esquivaba. Soltó el libro y los personajes callaron. Lo miraron en silencio preguntándose por qué y volvieron a su zona de espera. Volvió la portada del libro hacia abajo y se preparó para actuar. Nunca la realidad había sido tan creíble como en ese momento.
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