Pasó, lo oí y pasó. En boca de otra persona, lejano recuerdo de una situación imbatible. Aquello rebotó dentro mía con fuerza, de forma paralela a todos los sucesos. Ahí vi el dolor de la estela que dejaba detrás. Mi ilusión bajaba el primer escalón de muchos, pero poco a poco la caída no pudo eliminarme. Antes de que yo fuese mi mejor enemigo, una vida existía, tapada por los restos de la confianza. Penitentes sufrimos nuestro ataque, para recordarnos el mal que parte, divide y envenena. Penitentes seguimos, algo rotos, penitentes seguimos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario