La pequeña llegó al parque y se sentó en el borde del tobogán. Sin pronunciar una palabra comenzó a peinar su muñeca. Tumbada hacia atrás paseaba la muñeca por la barriga. Diez metros más allá la madre apuraba el segundo porro de la tarde. Media hora más tarde, con los ojos enrojecidos, llamo a la niña para marcharse. La pequeña vagaba por los límites del parque sola, como había venido. Si hacer caso a la madre se adentró en los jardines, otra vez sola.
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