Se fue. Y me dejó el maldito color blanco como recuerdo. Con su nombre en casa esquina. Imposible de olvidar, omnipresente y opresivo. Se quedó. De la peor de las formas, detrás del color, quieto, callado. Envenenó los recuerdos de colores con su presencia. Derramó mis valores con su ausencia. Volverá. Y pagará todas las piezas que se rompieron. Me quedó mi culpa de todo. No hay otra cosa que me pertenezca.
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