martes, 7 de enero de 2020

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Llegó al estudio por la tarde. Esperaba algún ruido en el interior, pero no encontró a nadie. Soltó la maleta sobre la misma cama que la cogió tres días atrás. Preparó su café favorito y se sentó en un sillón ubicado de forma paralela al balcón. La idea era aprovechar los últimos rayos de un sol que se empeñaba en penetrar montañas lejanas. Con la taza entre las manos, echó su cabeza hacia atrás. Se sintió culpable al disfrutar del silencio y la quietud del momento. Sin discusiones, sin conversaciones, sin juicios internos o externos, sin planear nada. Resolvió dar solución a cada situación cuando surgiese, y determinó que ir a al deriva no era tan malo como pensaba.

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