Aquella gigante roca no pudieron moverla. Después de innumerables intentos seguía allí, anclada en el camino molestando el paso y ocultando su volumen dentro de la tierra. Al final decidieron hacerla pedazos. Nadie tendrá el trofeo de la roca. Simplemente ya no existe. Solo queda la parte hundida en la tierra, que taparon para dar forma a su camino. Sigue allí, lo sé. Y es tan roca como siempre.
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