viernes, 24 de julio de 2020

sirena

Pasó a toda velocidad por la calle, despertando a todo ser viviente. Así comenzaba la mañana, con un aviso de cuidado mientras el sol iba conquistando terreno a la noche. Muchos despertaron, pero acostumbrados a las sucesivas repeticiones ignoraron la advertencia. Una mujer que regaba las macetas en un balcón del tercer piso, se quedó mirando, regadera en mano. Cuando desapareció por la curva al final de la calle, convencida de que no averiguaría nada siguió con su labor. Por debajo del balcón caminaba un señor mayor, volviendo de su paseo matutino. Esquivaba los charcos debajo de cada balcón para evitar resbalar o que las gotas de agua que caían mojasen su cabeza. De frente, avanzaba hacia él aquella chica alta y delgada con aquel pelo rubio artificial. Vestida en un traje que no revelaba ninguna forma, se desplazaba con pasos ligeros, bolso en mano para acudir a su trabajo. Miró la hora y cruzó de acera mirando antes hacia los lados. Ella se había encontrado de frente con aquel ambulancia empeñado en señalar la mañana de los habitantes de la ciudad. Siempre que veía un ambulancia con la sirena enfurecida pensaba en sus padres y hermanos. Volvía a aquella familia feliz que ahora andaba diseminada por la provincia. Tuvo que esforzarse en borrar aquel recuerdo. Entró por la puerta de la oficina saludando a todo el mundo con la mano y buscó su silla para esconderse el resto del día.

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