sábado, 18 de julio de 2020
Merchi
Mercedes venía dos veces en semana a limpiar. Merchi le decían todos, acompañándolo de un buenos días rápido. Merchi tenia más de veinte años pero la cara de niña eternamente sonriente. Siempre tenía buenas palabras que firmaba con su sonrisa. Merchi se iba a casar con su novio de siempre y hablaba con las vecinas de su nueva casa cuando llegaba a su planta para limpiar. La sonrisa de Merchi será eterna. Me la imagino con sesenta años de la misma forma que ahora. Merchi usa mallas grises de punto. Sus carnes exactas fabrican un círculo perfecto en sus nalgas cuando se agacha. Cuesta trabajo despegarse de ese espectáculo de perfección y tersura. Si te descubre mirando sonríe como siempre. Merchi es un ángel, algo superior a todos nosotros. Salgo de casa con dos compañeros de instituto. Merchi está allí en el portal ocupada mientras su culo elabora formas increíbles para la mente adolescente. Mis compañeros se quedan mirando, quietos, abandonando la marcha. Los corrijo, saludamos y salimos con la eterna sonrisa de Merchi como salvoconducto. Merchi es para mí. Su cuerpo de volúmenes calculados y su pelo moreno recogido en una cola que deja tirantes los cabellos de la nuca. Merchi es natural y yo la observo como un coleccionista a sus mariposas. Seguimos andando pero mi cabeza lleva ya mucho tiempo contaminada con su eterna belleza.
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