Bajaban por la colina
lejano silencio, aire en suspensión
vecinos alertados corrían
buscando salvación
Inconscientes otros
esperaban sentido común
Ciegos por la rabia
de mil hermanos heridos
contra los suyos fue la venganza
Las calles vacías y ruidosas
miles de pasos apresurados
valientes en mayoria
mirando a cada lado
Ella se quedo en la puerta
Pueblo de paz no merece guerra
porque la guerra no arregla nada
porque la guerra no construye
Una mirada hacia atrás
y medio pueblo huye
con harapos y descalzos
corren de cobardes con uniforme
Ella se quedo en la puerta,
parada, esperando cordura
de necios cegados de una falsa valentía
inmortales bajo su armadura
La atraparon sin resistencia
el primer golpe en la cara
volvio la mirada de indiferencia
ante no hombres armados
Sufrió hasta su fin
en manos de desalmados
cegados por inútiles lejanos
rodeados de barrocos adornos
Sufrió su pena con muchos
que cayeron a su lado
Los cobardes matan pronto
Evitando la duda
evitando la moral
evitando usar la cabeza
Ella acabó bajo tierra
Avergonzada le fue eterna
por un bruto enterrador
que inmortalizaba la ofensa
Allí quedo para siempre
en palabras de soldados
valientes contra el débil
valientes con el desarmado.
Allí quedo para nunca
nunca serían hallados
en un futuro de vergüenza
sin perdon ni recompensa.
Quiso el destino que su ejecutor
Recordara siempre esa voz
que llegó desde su espalda
Y que aquello no fuera amor
sino recuerdo de sus faltas
Y aquellos ojos negros que brillaban
pintados con miedo y dolor
le dijeran que su destino
era repetir ese recuerdo
saborear su deshonra
y portar ese infame yugo
hasta que fuese su propio verdugo.
No habrá paz para ellos
ni venganza en los tiempos
no habrá momentos de consuelo
mientras no descansen en santo suelo
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