jueves, 27 de agosto de 2020

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Bajaban por la colina 

lejano silencio, aire en suspensión

vecinos alertados corrían

buscando salvación

Inconscientes otros

esperaban sentido común

Ciegos por la rabia

de mil hermanos heridos

contra los suyos fue la venganza

Las calles vacías y ruidosas

miles de pasos apresurados

valientes en mayoria

mirando a cada lado

Ella se quedo en la puerta

Pueblo de paz no merece guerra

porque la guerra no arregla nada

porque la guerra no construye

Una mirada hacia atrás 

y medio pueblo huye

con harapos y descalzos

corren de cobardes con uniforme

Ella se quedo en la puerta,

parada, esperando cordura

de necios cegados de una falsa valentía

inmortales bajo su armadura

La atraparon sin resistencia

el primer golpe en la cara

volvio la mirada de indiferencia

ante no hombres armados

Sufrió hasta su fin

en manos de desalmados

cegados por inútiles lejanos

rodeados de barrocos adornos

Sufrió su pena con muchos

que cayeron a su lado

Los cobardes matan pronto

Evitando la duda

evitando la moral

evitando usar la cabeza

Ella acabó bajo tierra

Avergonzada le fue eterna

por un bruto enterrador

que inmortalizaba la ofensa

Allí quedo para siempre

en palabras de soldados

valientes contra el débil

valientes con el desarmado.

Allí quedo para nunca 

nunca serían hallados

en un futuro de vergüenza

sin perdon ni recompensa.

Quiso el destino que su ejecutor

Recordara siempre esa voz

que llegó desde su espalda

Y que aquello no fuera amor

sino recuerdo de sus faltas

Y aquellos ojos negros que brillaban

pintados con miedo y dolor 

le dijeran que su destino

era repetir ese recuerdo

saborear su deshonra

y portar ese infame yugo

hasta que fuese su propio verdugo.

No habrá paz para ellos 

ni venganza en los tiempos

no habrá momentos de consuelo

mientras no descansen en santo suelo


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