Detrás del pantalón a cuadros todo era lo mismo. Esperas mirando un teléfono. La mente en otro sitio. Esperando incómoda. Mirada, juzgada, asustada. La zona de confort no era aquella plaza ni aquel banco de piedra. Esperando que esto termine. Los cuadros del pantalón jugaban a crear figuras. No era su mente, sino el sol de septiembre jugando con sus muslos. Dos minutos más y me voy. Miró al frente esperando no esperar más.
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