La segunda repetición se hacía más insoportable. Las preguntas eran más claras y la inercia era cuestionada con menos tolerancia. No acababa de destapar el envase de vida nueva, de nuevas ideas y olvido necesario. Miraba el tapón con miedo, entreabriéndolo para cerrarlo rápidamente. Luego miraba al horizonte desafiante e inmóvil. Todo estaba igual, esperando sus movimientos. Volvió a dudar y se sentó en el escalón, con el futuro cerrado, a su lado.
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