El período de elecciones supuso una hilera de cambios en sus vidas. Todas las casillas fueron visitadas, todas las casillas fueron desalojadas. Después del periplo, un sabor amargo en las miradas. Un olor especial, artificial, orquestado y que no deja dormir. Cuatro años después, toda la cuadrilla estaba cambiada. No se sabe si satisfecha por su labor, por el tiempo de mandato. Miraban a izquierda y derecha, esperando un veredicto que no llegaba. Lo peor de todo es no saber, mientras se avanza el camino. Mirando un horizonte que quizá no esté allí o que puede que ni exista. El teléfono sonó y lo sacó de sus pensamientos. Era la misma voz que hace cuatro años le comunicó que ganaron con su campaña. El mensaje difuso. ¿ganaron? ¿perdieron? ¿Una llamada para resolver cuatro años de servicio? El veredicto era claro antes de votar.
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