Las tierras más bajas siguen arropadas con la noche. Los trabajadores andan de un sitio a otro preparando máquinas y herramientas. El peñón comienza su baño de sol, testigo eterno de todos los tráficos de los hombres. Allí abajo ellos se ordenan. Desde arriba, tiñendose del rojo del amanecer, el peñón no entiende sus actos. Aún por la excesiva labor, nunca vio cambios a lo largo del tiempo.
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