Desde el final de la cuesta se veía bajar a ritmo lento. Mochila en la espalda cargada de libros, hombros oscilando de izquierda a derecha. Uniforme rojo a cuadros. Su falda dejaba ver sus rodillas sin hueso nitqble, recubiertas de incipiente lozanía. Su pelo largo y liso no tapaba su gruesa cara infantil. Bajaba cansada, a las tres y media.
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