La señal en mi cabeza se vuelve plácida y recuerda ensoñaciones de hace tiempos. Colores cálidos que arropan aquella señal que pesa dentro de mis pensamientos. La música genera el mínimo cambio de tono para alimentarla. Ella mientras se mece cómoda, de lado a lado a la velocidad justa pero sin parar. La señal, que viaja, duerme y vive. Me llama y voy, ya es la hora.
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