Ayer no encontraba el sabor de las palabras. Veía los cuerpos caminar y sentía las historias, pero no tenían el sabor necesario para presentarlos como primer plato. Hoy mi mente es soluble en la realidad que me rodea y saboreo cada impulso de energía que motiva los movimientos en mi periferia. Hay sí, vuelven las palabras, desafiantes, olvidadas o innombrables. Hoy sí, peleo por crear mi propio arte en un estilo sumergido. Hoy sí, seguiré.
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